¿ QUE ES EL AUTOCUIDADO ?

El autocuidado o el hecho de hacerse cargo de la salud, ha acompañado a todas las culturas, grupos sociales, razas, etc., desde tiempos inmemoriales, responsabilidad que ha sido reconocida por organismos como la Organización Mundial de la Salud, quien en su Declaración de “Alma Ata” expresó que:

“la gente tiene el derecho y la responsabilidad de participar individual o colectivamente en la planeación e implementación del cuidado de su salud”.

Este reconocimiento, aunado al que han hecho algunos gobiernos, se debe a que el autocuidado ha demostrado ser una práctica invaluable, ya que se trata de una forma efectiva y segura de resolver una importante cantidad de síntomas y problemas comunes de salud sin tener que recurrir a un servicio médico, ya sea privado o público, a menos que dichos síntomas o problemas persistan o se agraven. Tal es el valor del autocuidado, que ha sido denominado como “la primera línea de defensa” contra la enfermedad, debido a que se lleva a cabo en el hogar.

El autocuidado es un proceso a través del cual se busca resolver o prevenir, de manera temporal o definitiva, un problema común de salud. Esta búsqueda se apoya en dos aspectos fundamentales como lo son:

La identificación del síntoma o el problema común de salud y de su evolución y gravedad.

El conocimiento de las posibles medidas a tomar, por ejemplo, el reposo, el cambio de alimentación, el ejercicio, el uso de un medicamento o el solicitar la ayuda de un médico.

¿ EXISTEN LÍMITES PARA EL AUTOCUIDADO ?

No obstante que el autocuidado no es una práctica “nueva”, a últimas fechas los medios de comunicación, y recientemente el Internet, han hecho de este tema uno de los que más información y reportajes genera, reforzando de esta manera su importancia e interés público.

Por tal motivo, es indispensable contar con una serie de parámetros que ayuden a ubicar los límites que tiene el sano ejercicio del autocuidado, de tal manera que efectivamente ayude a aliviar o prevenir un problema común y no sea una manera de retrasar la búsqueda de atención médica, con las muy lamentables consecuencias que esto trae consigo:

a) En primer término, es necesario identificar el síntoma o el problema común de salud, su gravedad y observar su evolución.

b) Acto seguido, y apoyado en la información que se tenga sobre las posibles medidas a seguir, podrá tomarse una decisión, ya sea esperar a que el síntoma o problema desaparezcan, tratar de aliviarlos o recurrir a la búsqueda de atención médica. En este sentido, las medidas que demandan dicha atención y que constituyen los límites del autocuidado, por citar las más frecuentes, son:

Desmayo repentino.

Dificultad de respirar acompañada de una sensación de angustia y dolor en el pecho y brazo.

Vómito consecuente a un golpe en la cabeza.

Tos acompañada de sangre, de algún líquido parecido o dolor persistente en la espalda.

Lunares que crecen y/o sangran.

Fatiga excesiva.

Diarrea con sangre o moco.

Pérdida continua de peso.

Dolor de cabeza intenso, acompañado de alteraciones en la visión, así como cualquier otro síntoma que modifique severamente las actividades diarias de una persona.

¿ EXISTEN LÍMITES PARA EL AUTOCUIDADO ?

Fuera de las situaciones que aparecen en la sección “¿Existen límites para el Autocuidado?”, hay una importante cantidad de síntomas y problemas comunes de salud que pueden ser objeto de atención de quien los sufre, como:

Acidez

Malestar estomacal

Diarrea posterior a una abundante y/o condimentada comida

Dolor de cabeza

Fiebres

Irritaciones oculares

Adicción al tabaco

Tos

Infecciones leves de la piel

Constipación

Gripe

Pie de atleta

Congestión nasal

Dependiendo de la o las situaciones que se presenten en particular, podremos esperar a que desaparezcan los síntomas o el problema, reposar, tomar abundantes líquidos, modificar nuestra dieta, lavar adecuadamente la zona afectada por un raspón, etc.

Si cualquiera de estas medidas no resulta o se desea aliviar rápidamente el síntoma ya que dificulta las actividades cotidianas, puede recurrirse al uso de un medicamento de libre acceso o de venta sin receta, práctica conocida como automedicación responsable.